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tulgaritas:

Llevo un rato en silencio y pareces haber notado que no tengo la mente tranquila. Te giras cada pocos metros y me observas expectante, como esperando a que abra la boca y diga lo que tenga que decir.

La senda es estrecha, lo que nos obliga a ir uno detrás del otro, cosa que agradezco de buen grado, así puedo ir planteándome cómo hacerlo… Desde que he salido de casa no dejo de mirarte. En cada esquina mis pensamientos vuelan y se enredan contigo de la manera más íntima posible. Pero me da demasiada vergüenza decirlo en voz alta.

-          ¿Te pasa algo?- preguntas frunciendo el ceño.

-          En absoluto.- contesto mirando al suelo, fingiendo justificar que quiero fijarme por dónde piso, por no tropezar.

Dejamos atrás unos bancos de madera, estratégicamente colocados en el camino, supongo que para descansar y estirar las piernas, lo cierto es que el escenario invita a sentarse y disfrutar del paisaje. Me armo de valor.

-          ¿Nos podemos parar?- pregunto. Dudo que sepas cuáles son mis intenciones.

-          Cecilia, si nos paramos aquí ahora, se nos va a hacer de noche para cuando volvamos, y te dará miedo.

“Joder, ahora le da por preocuparse por mis miedos” pienso para mí.

-          ¿Por qué quieres parar? ¿Estás cansada? - preguntas después de un silencio.

-          No… simplemente quiero parar. Sin más. – contesto.

-          ¿Pero por qué? – insistes.

No contesto. Sigo callada un buen rato. No me apetece decir en voz alta “porque me apetece que me folles duro aquí mismo”. Lo bonito del sexo en lugares públicos es justamente el factor sorpresa.

-          En el próximo lugar que podamos pararemos, ¿vale? – me dices claudicando a mi petición.

-          Vale. – sonrío en silencio y noto cómo suben los colores a mis mejillas. Sigo agradeciendo que estés a unos metros de mí y no te hayas girado. Si me hubieras visto la cara sabrías perfectamente qué pretendo.

Después de un rato y unos cuantos tropiezos por mi parte, llegamos a un pequeño claro, con dos mesas y dos bancos de madera. Nos sentamos en una de las mesas y en silencio observamos el paisaje.

“O dices algo ya o pronto dirá de ponernos en marcha y habrás perdido la oportunidad, idiota” pienso.

Te miro y me devuelves la mirada. Te ruego un beso sin mediar palabra y concedes mi deseo. Inundo de deseo lo que iba a ser un beso suave y corto, espero que sepas por dónde van los tiros. Me muerdes el labio inferior y la lengua antes de separarnos. Cuando nuestros ojos se cruzan tu mirada ya ha cambiado por completo y me dedicas una media sonrisa irresistible.

-          ¿Y si te la chupo? – pregunto armándome de valor. No puedo creer que me haya atrevido a decir eso. Mis hormonas hablan por mí.

Asientes sin decir nada y te levantas. Miro a una parte y otra del sendero, no sé si habrá alguien a estas horas y que con el frío que hace sea tan idiota como nosotros como para salir de casa y dar un paseo por la montaña.

Cuando me vuelvo a girar ya te has bajado los pantalones y me miras expectante. Me arrodillas y voy directa a por el objetivo.

Me inclino sobre tu sexo, semierecto todavía. Lo agarro con suavidad y lo introduzco en mi boca despacio, muy despacio. Rodeo tu pene con mis labios y sonrío cuando escucho un sonoro y gratificante gemido salir del fondo de tus pulmones. Saco la lengua y recorro desde la base de tus testículos hasta la punta, empapándote de mi saliva. Te miro.

-          Despacio nena, pero no pares. – pareces suplicar.

Cierro los ojos y disfruto. Mientras te masturbo lenta y suavemente con una mano, acaricio despacio el glande con los labios. Empiezo a jugar con la lengua, dibujando pequeños círculos, provocándote un escalofrío. Colocas tus manos sobre mi cabeza y aprietas, marcando levemente el ritmo. Me dejo llevar por tus órdenes y obedezco. Aprieto con mis labios y succiono a la vez, voy subiendo y bajando en mis movimientos cada vez más rápido.

-          Shhhht, no tan intenso.- susurras.

Asiento y muy despacio intento introducir todo lo que pueda dentro de mi boca, rozando mi garganta. Rápidamente tengo que apartarme, es demasiado. Sonríes y te devuelvo la sonrisa mientras te observo deseosa. Sabes que disfruto de esto tanto o incluso más que tú.

De nuevo lo intento contigo, despacio, quitando la presión de mis labios. Lamiendo primero, muy lentamente, desde abajo hasta la punta. Rodeo de nuevo tu sexo con mi lengua y desciendo y subo. Repito. Y otra vez. Y otra. Tus manos empiezan a temblar. Succiono de vez en cuando muy suavemente. Me gusta notar la rigidez de tu sexo en mi boca y en mi lengua. Tus manos ya son prácticamente incapaces de seguir marcando el ritmo que te gusta, pero creo haberte pillado el punto. Me separo y te miro mientras me levanto para besarte. Me observas extrañado.

-          Pero no pares, zorra. – consigues decir entre suspiros.

Sonrío, eso es justo lo que quería conseguir.

Vuelvo a agacharme, esta vez con una actitud mucho más decidida. Introduzco de nuevo todo lo que puedo en mi boca, llegando hasta el principio de mi garganta. Aprietas con tus manos para empujar con más fuerza todavía. Así lo repetimos unas cuantas veces, empapándote con la lengua de mis caricias.

-          Necesito follarte. Ya. – me espetas mientras pausas mi delicioso juego colocando cada una de tus manos en mis mejillas.

Miro a cada uno de los lados del sendero de nuevo.

-          Vale. – contesto decidida.

Me levanto del suelo y busco un lugar en el que apoyarme. Pareces leerme la mente cuando me señalas el banco y me enseñas cuatro dedos. Me bajo los pantalones y me quedo desnuda de cintura para bajo. Estoy temblando del frío que hace. Me apoyo sobre el banco, colocando mi trasero en pompa y abriendo las piernas, ofreciéndote mi sexo por completo.

Sin mucha cortesía colocas tu pene sobre mí y empujas con algo de brusquedad. Noto cómo me desgarras, lo que provoca que desde lo más profundo de mi garganta se rompa un grito de dolor. Pausas tu movimiento, ni siquiera me has penetrado por completo.  

-          ¿Estás bien? ¿Paro? – me preguntas preocupado.

Niego con la cabeza y cierro los ojos, me concentro en el placer que me provoca el dolor y no en el dolor en sí. Noto un escalofrío que me recorre entera cuando me colocas ambas manos en la cadera y empujas hasta el final. Me llenas entera y sigo gritando. Me pongo a temblar, pero rápidamente empiezas a salir y entrar en mí, empujando con fiereza. Mis gritos de dolor pasan a ser gemidos de placer. Me rindo a las sensaciones que me recorren entera. Noto mi sexo completo por el tuyo, siento todas las vibraciones en mi cuerpo con cada embestida. Por mucho que grite nadie me escucha. Solo se oyen mis gemidos y el golpeteo de tu entrepierna contra mis nalgas. No es momento para delicadezas.

Apoyo mi cabeza en la fría madera del banco y elevo aún más mi trasero, arqueando mi espalda para facilitarte los movimientos. Marcas tus dedos en mi trasero mientras aumentas la intensidad de tus penetraciones. Con brusquedad me embistes antes de esbozar un leve “me corro”.  

Cuando sales de mí observo que me tiemblan las piernas. Me giro, me visto rápidamente y me acerco a ti. Sonríes triunfante. Me besas suavemente y me acaricias el pelo.

-          Me encanta esto. – digo con una sonrisa de oreja a oreja.

-          Y a mí. – contestas devolviéndome la sonrisa.- vámonos o se nos hará de noche.

Retomamos la marcha con menos conversación pero con más miradas. Basta y sobra para decirnos lo que pensamos.

freeyourssoul:
“lunar-amethyst:
“ 💠 hippie,nature & more 💠
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